EL CONSENTIMIENTO Y EL TRABAJO SEXUAL: Una perspectiva del trabajo sexual en la sociedad finlandesa como clave de análisis.
El consentimiento como requisito mínimo legal para los delitos sexuales en Finlandia entró en vigor hace casi tres años, el 1 de enero de 2023. Ante este avance, que muchos podríamos calificar como tardío, por fin se abrieron las puertas a nuevas medidas de justicia para las víctimas de violencia sexual. Pero ¿qué supone realmente este cambio legislativo? ¿Por qué es relevante la relación entre el consentimiento y el trabajo sexual?
Aquí me gustaría reflexionar un poco sobre qué podemos entender acerca de la propia sociedad y cultura finlandesas cuando se observan también desde la perspectiva de quienes se dedican al trabajo sexual.
Lo expresado aquí parte de la información recogida en el informe de Amnistía Internacional Finlandia (ASENNE ESIIN! Suostumuksen ymmärrys ja luottamus viranomaisiin Suomessa1), en el cual se analiza el efecto del cambio de legislación en la concepción del consentimiento y la confianza de las autoridades. En dicho informe se hace especial mención a las experiencias de trabajadoras sexuales que fueron encuestadas, con la cooperación de Pro-tukipiste, con el objetivo de comprender su perspectiva y las distintas ramificaciones del concepto de consentimiento.
La perspectiva del trabajo sexual puede ofrecer una visión crucial para entender no solo cómo se construye el consentimiento, sino cómo nos enfrentamos a la violencia y cómo se establece la confianza en las autoridades en Finlandia. Primeramente, al ser un ámbito laboral, los límites han de ser claramente delimitados para determinar las consecuencias cuando estos son sobrepasados, tanto en términos de actuación como de omisión. Por tanto, la regulación de estos límites puede ofrecernos una imagen clara, no sólo en términos legales, sino también en su comprensión social.
Las mismas experiencias relatadas de las trabajadoras sexuales muestran que el consentimiento es un proceso dinámico, que la violencia puede mitigarse con redes de apoyo y límites claros, y que la cooperación con la policía y otros organismos depende de un respeto genuino a sus derechos y experiencias. Sin embargo, la realidad es que en Finlandia una gran parte de la violencia sexual sigue sin detectarse, especialmente en el ámbito del trabajo sexual.
Las trabajadoras sexuales son el ejemplo perfecto al reunir muchos de los estereotipos culturales que se les suele atribuir a las víctimas de violación. Algunas relatan que la policía tiende a minimizar sus experiencias, argumentando, por ejemplo, que se trata de situaciones que deben esperar dada la naturaleza sexual de su trabajo. Esta actitud contribuye, desgraciadamente, a que muchos casos de abuso no se denuncian: por miedo a ser juzgadas en lugar de escuchadas; por temor a que, en el caso de ser de origen extranjero, se les cuestione su situación administrativa; o por enfrentarse a un proceso judicial en el que, en vez de juzgar el acto de violencia sufrido, se ponga en tela de juicio la legitimidad moral de su actividad laboral.
Desgraciadamente esto no se limita a las autoridades, sino que también se manifiesta en los servicios médicos, donde pueden percibirse juicios morales al cuestionar la salubridad del trabajo sexual y justificar, a partir de ello, insinuaciones que presentan a las trabajadoras sexuales como condenadas a revivir estos actos si continúan en dicha actividad. Este tipo de prejuicios afecta profundamente a las personas que se dedican al trabajo sexual, hasta el punto que no reportan todos los abusos o agressiones graves que se puedan sufrir. Este mismo fenómeno se reproduce en la sociedad de forma más velada, donde estos prejuicios no sean quizás tan evidentes, pero sí latentes.
En cuanto a la confianza en el sistema, la base es un trato justo, que implica la certeza de que se escuchará y tratará a la persona con sensibilidad, que tendrá acceso a los servicios y que su caso será abordado de manera equitativa.2 A pesar de la nueva legislación, la confianza aún no se percibe plenamente en lo que respecta a los crímenes de violencia sexual. Por ejemplo, el 56 % de las personas encuestadas en el informe de Amnistía Internacional considera que el sistema judicial no trata a las víctimas de violación de manera justa. Es más, entre las personas de 18 a 35 años, el 69 % cree que estas injusticias siguen produciéndose.3
Por una parte, la legislación que regula los delitos sexuales, como la violación, no exige resistencia verbal ni física frente a la violencia, sino que establece la falta de voluntariedad como elemento esencial. Aun así, existen diferencias significativas en la comprensión del consentimiento. Estas diferencias se manifiestan tanto entre generaciones como entre géneros, siendo las mujeres quienes parecen comprenderlo en mayor medida. Más allá de ello, lo que aún cuesta abordar en Finlandia es la cultura del silencio ante los delitos sexuales. Las mujeres entrevistadas en el informe de Amnistía señalaban que en el país apenas se habla de sexualidad, ni en el ámbito público ni en el privado, y que la cultura tiende a enfatizar el silencio y la vergüenza. Este silencio alimenta suposiciones infundadas: no se reconocen los sentimientos y necesidades propias, y mucho menos las ajenas.
Como se ha observado, el trabajo sexual se sitúa en el cruce de múltiples interseccionalidades, que van desde la identidad de género y la orientación sexual hasta las experiencias migratorias. Todas estas dimensiones confluyen y se visibilizan con especial intensidad en este ámbito. Incluso cuestiones como la confianza en las autoridades o la noción misma del consentimiento encuentran en el trabajo sexual un punto de inflexión, que permite analizar cómo la sociedad finlandesa comprende y aborda el consentimiento.
Creo firmemente que, si somos capaces de comprender y defender los derechos de quienes se encuentran en posiciones de mayor vulnerabilidad, también podremos aprender a actuar con mayor justicia en contextos más amplios. Precisamente esta es la labor que desarrollan organizaciones como Pro-tukipiste: al apoyar a las personas que ejercen el trabajo sexual, no solo se protege a un colectivo específico, sino que se transforma la mirada social y, con ello, se abre la posibilidad de un cambio cultural más profundo.
Camila Cowley Méndez
- 1. Amnesty International Suomen osasto. (2024). Luottamus kriisissä – Suostumus, seksuaaliväkivalta ja oikeudenmukainen kohtelu
Suomessa. Amnesty International, https://www.amnesty.fi/app/uploads/2025/02/amnesty-asenne-esiin-tutkimusraportti.pdf - 2. Amnesty International Suomen osasto, 2024, p.36
- 3. Amnesty International Suomen osasto, 2024, p.38



